El Primer Olivo

February 15, 2018

Los atenienses se enriquecían y había que proteger la  ciudad. Anchas murallas, una ciudadela bien fortificada y, para cuando las fuerzas y el artificio humanos no se bastasen, templos. El más excelso sería para el dios tutelar. A la manera ateniense, se reunieron para la elegirlo.

 

Se levantó un ciudadano en la asamblea y dijo que, ya que la prosperidad les llegaba del mar, Poseidón había de ser el protector de la ciudad. Todos volvieron la mirada hacia la inmensidad azul que se extendía a lo lejos, la anchurosa espalda del mar que cantaba Homero. En medio del silencio se escuchó el rugido intermitente de las olas, respiración de  un dios que habita los abismos submarinos. En las proximidades del puerto pululaban las velas de navíos con las bodegas rebosantes. Todos asintieron.

 

 

 

Otro tomó la palabra, y señalando a las alturas propuso a Palas Atenea. La sabiduría y la prudencia, dijo, atraen la riqueza, favorecen en la guerra y regalan la paz. Por los caminos del Ática se veían transitar innumerables carros sobrecargados de fardos. La diosa de ojos de garza debía ser la elegida. Y todos asintieron.

 

Poseidón y Atenea se disputaron, pues, la soberanía. El dios necio clavó su tridente y brotó agua salada. Un pozo en el Erecteion, en la misma Acrópolis. Será como tener un pequeño mar dentro de nuestras murallas y una rareza que enseñar a los extranjeros, pensaron los atenienses.

 

La diosa entonces puso su mano, y brotó un olivo. Era un árbol joven, ramas tiernas y delgadas, hojas pequeñas, y nada en su apariencia anunciaba cómo serían sus frutos. Al contemplarlo, todos los presentes se dijeron que era un árbol distinto, que invitaba a la meditación y al recogimiento, pero poco más.

 

Se disponían ya a votar, cuando intervinieron los dioses. En el pozo no vieron más que agua abundante pero inservible. En el olivo, en cambio, aceitunas, aceite, ungüentos, fármacos, madera…

 

Todavía en el siglo II d.C. se enseñaba aquel primer olivo en el Pandrosio, en la misma Acrópolis. Decidieron los dioses.

 

 

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