La poda del Olivo

June 12, 2018

…qui aret olivetum, rogare

fructum, qui stercoret, exorare, qui

caedat, cogere.

 

“Quien labra el olivar, le pide

fruto; quien lo abona, se lo suplica;

quien lo poda, le obliga.”

 

Columela De Re Rustica, V,9

 

 

Cuesta poner la mano sobre un árbol  tan bello como es el olivo. Se anima uno pensando que es él quien nos lo reclama, que confía en nuestra prudencia y conocimiento al hacerlo, y que nos lo agradecerá allá por noviembre cuando colme generosamente nuestras espuertas con sus frutos.

 

 

A una primera poda la llaman de formación. Se trata de que la terneza de sus jóvenes ramas se despliegue en equilibrio sin ceder a inclinaciones espurias, que manifieste ya lo que ha venido a ser. Una poda respetuosa, que le permita crecer en libertad, pero atenta a sus pies; dejar que éstos se le formen como en maraña, e ir luego seleccionándolos, junto con las ramas, en función de su vigor. En un plazo aproximado de tres años, dos o tres pies conformarán un basamento de aceptable vitalidad. Lo mismo habrá pasado con las ramas. Así se ha hecho siempre en el sur de España; así lo hacemos en los olivares del Ara.

 

 

Más adelante, una poda destinada a optimizar la producción de cada árbol. El operario, en este caso Juan José, lo observa durante unos segundos: considera su variedad genética, la poda de formación a que fue sometido, las disponibilidades y previsiones de agua, tipo de suelo… y decide finalmente el modus operandi. Cuidando siempre de que queden en sombra el tronco y las ramas principales para que la exposición directa a la luz no los envejezca, cortará las ramas secas y poco productivas y limpiará y clareará las restantes; así la luz penetrará en la copa y promoverá la fotosíntesis en la mayor parte de la masa foliar.

 

 

Finalmente, si queremos liberar al olivo de su carácter vecero, será necesaria además una poda de regeneración. Apenas terminado los periodos productivos, se manifiestan los primeros síntomas de cansancio y envejecimiento. Yemas y chupones en madera vieja son, para un árbol de natural tan longevo, señales de auxilio. Pero, conocida desde antiguo su virtualidad de regenerarse, apenas se manifiesten, ya se le puede aplicar esta otra poda que vivificará sus entrañas, fortalecerá su ramaje, rejuvenecerá su aspecto. Habremos mitigado su declive y él nos compensará con una constante producción a lo largo de numerosos años.

 

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